YO SOY MI PROPIA MUJER

portada del libro SOY MI PROPIA MUJER de Charlotte von Mahlsdorf

> EL TRAVESTISMO COMO CONDICIÓN NATURAL Cuenta de forma autobiográfica y en primera persona, la historia de la travesti aleman (yo diría que transexual) más famosa y extravagante del siglo XX. Nacido en 1928 como Lothar Berfelde, pronto se reveló dotado de inteligencia, belleza y sensibilidad, aspectos, aptitudes y actitudes tan llamativas como algunos de sus comportamientos. En plena adolescencia, afrontó decisiones con un coraje que el prejuicio pretende viril: mató a su padre déspota en defensa propia, empezó a vestirse de mujer y a llamarse Charlotte von Mahlsdorf, desafiando la homofobia de una sociedad en la que ya hervía el caldo venenoso del nazismo.

La misma candorosa desfachatez mantuvo durante la etapa stalinista en Berlín oriental, donde fundó un museo con los muebles de fines del siglo XIX que atesoró su pasión de coleccionista. Hasta aquí, la anécdota que Wright conoció a través del libro autobiográfico de Von Mahlsdorf, Yo soy mi propia mujer; del filme que con el mismo título dirigió en 1992 el realizador Rosa von Praunheim y de las entrevistas que Wright mantuvo con Charlotte, de cuya inteligencia y humor quedó prendado.

Ganadora de los premios Tony, Pulitzer y Lambda Literary, lo que escapa a lo previsible en el terreno de las obras con temática gay, es la “cualidad escénica” de esta creación que traspasa las fronteras del travestismo como tema, para proponer reflexiones de amplitud y profundidad más ambiciosas. Sin desaprovechar la ironía que destila el personaje y que enriquece con latidos propios, eludiendo cierto sarcasmo banalizador de tono almodovariano y sin caer en la moralina de discursos bienpensantes sobre la igualdad.

Lo que expresa Charlotte es que cada criatura es única. Y que la singularidad es lo que se comparte con los demás. En la obra transita por varias de esas singularidades: como autora de la obra y como protagonista, además de otros personajes involucrados en la historia, iluminando el carácter de cada una de sus criaturas con una inflexión mínima de la voz, con el modo de cruzar las piernas o de mirar a los ojos a cada lector imaginario. También hay momentos en los que llega a escucharse, cómo nos habla el silencio. O en los que el ruido a “fritura” de la púa de un fonógrafo dice más que la melodía original. Pero sobre todo, en esta páginas se descubre en el travestismo una condición natural de todo lo que existe.
Lo que las cosas son (lo que cada uno es, propone la obra) sólo puede aprenderse mediante su manifestación sensible, mediante lo que “viste” o se hace visible lo invisible. Sólo se trata, parece decir Charlotte, de aceptar con humildad ese misterio sin sobreactuar el “respeto a las investiduras”. Algo que el la caricatura, viene haciendo desde siempre.
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