JUGANDO A MUÑECAS


TRANSEXUALIDAD PRECOZ EN EL COLEGIO Livvy James, nacido Samuel, ha tenido sus momentos de gran frustración por haber sido tratado de manera diferente en la escuela y tener que cambiarse de indumentaria en los aseos para discapacitados para practicar educación física: “Mis amigos han aceptado muy bien la decisión de vestirme como una niña. Ellos estaban en desacuerdo con que tuviera que vestirme de niño, si no lo quería”. Ella viste ahora un uniforme de chica, a pesar de que algunas de sus compañeras no son tolerantes y le impiden entrar en los baños: “Vete, eres un chico”. Se siente algo solo, pero prefiere estar sol, porque se siente realmente como una chica y eso le ayuda a estar bien consigo, siendo como es. 

Samuel fue diagnosticado con un trastorno de identidad de género. Su madre de 37 años, afirma que el estado de ansiedad provocado en su hijo, significbaa que “era una chica y quiere vivir como tal”. Samuel James tiene diez años y luce del modo que aparece en la imagen, respondiendo, desde este mes, al nuevo nombre de Livvy y con un nuevo sexo, esto es, con otro diferente al suyo, que tenía antes de irse de vacaciones. Se le había diagnosticado disforia de género. Como quiera que la ciencia médica es incapaz de “curar” determinados desórdenes psiquiátricos, pero puede disimular mediante la cirugía un cambio de identidad sexual, se intervino a Samuel, para que naciera en el quirófano una preciosa niña rubia llamada Livvy, encarándose así hacia una pre-adolescencia femenina.

Al margen de que se esté o no de acuerdo con el cambio, lo relevante en este caso es la edad: diez añitos. De todos es conocido el caso de Kim Petras, que aun con dieciséis años escasamente cumplidos, corrieron ríos de tinta precisamente por la temprana edad a la que se llevó a cabo dicho cambio de reasignación de sexo.Lo que puede parecer terrible, en este caso, es la vertiginosa irreversibilidad de las decisiones y es una cuestión verdaderamente difícil de evaluar y valorar para asumir el alcance o las consecuencias de los propios actos. Quizás una hormonación previa a una adaptación que diera el paso a la transición definitiva, hubiera sido más prudente. De “vestirse” a “sentirse” hay algo más que tres letras de diferencia. Las opciones sexuales deben ser libres para cada individuo, pero de la misma manera que el consentimiento en este país está estipulada en los trece años, y eso que se considera uno de los más precoces de Europa, debería suceder otro tanto en cambios de este tipo, impidiendo a criaturas de diez años, o a sus padres, tomar decisiones que pueden lamentar el resto de sus vidas.En el fondo he de confesar que me da envidia sana y que me alegra saber que estamos alcanzando cotas impensables, mirando tan solo hacia una década atrás. La verdad es que la noticia ha corrido como un reguero de pólvora por todos los medios de comunciación internacionales, determinando una publicidad que tampoco me parece necesaria, y hoy, su foto está en todos los mentideros de las redes sociales. No sé, ciertamente, si se está yendo demasiado lejos, de forma pretenciosa.

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