DE VOCACIÓN, HUMANA

AL OTRO LADO En el reflejo del espejo había un niño de seis años llorando. Las lágrimas salían desde el interior de una niña. A esa edad, Rolando Bravo entendió que era mujer, pero nació hombre. Por eso lloró frente al espejo, más de una vez. No entendía por qué Dios no le había concedido la gracia de ser niña. Hace casi tres meses, tras de un largo proceso legal, logró convertirse en Analía Cristel Bravo. Hoy, en aquel espejo se refleja una mujer elegante, guapa, educada, creyente y amante de su profesión. Es lo que siempre quiso ser…

Analía Bravo se licenció en la tarde de ayer. Ella se ha convertido en la primera doctora transexual de Ecuador, un sueño por el que luchó varios años y que cumplió exactamente ayer noche, cuando en el Paraninfo de la Universidad Eloy Alfaro, que reunió a ciento siete nuevos médicos, ocupó el tercer asiento de la primer fila. Sentada a pocos metros de donde se encontraba, se encontraban la mayoría de fotógrafos, expectantes y curiosos, a los que ella no dejaba de sonreír en ningún instante. Y es que en este día tan especial, en todas las fotos tenía que salir bella, apesar de los nervios acumulados. Ha cambiado todos sus documentos, desde el DNI  hasta el Acta de Grado y desde ayer, se convierte en la primera trans en graduarse como médico en Ecuador. “Las personas que son diferentes realizan grandes cambios en el mundo”, dice con seguridad Analía, iluminada por sus brillantes ojos verdes.

Para completar su proceso de transformación, tiene planificado realizarse un implante en los senos el próximo año. Posteriormente vendrá la última cirugía, la definitiva para el cambio de sexo. En la vida profesional también tiene metas claras. Al término de realizar un año de prácticas como médico rural, se mudará a Argentina para especializarse en Cuidados Intensivos Pediátricos. Su tutora y pediatra Ibelize Zambrano, le inculcó y enseñó mucho en ese área, destacó.

En Argentina también espera encontrar el amor “si es que existe”, comenta. En Manta el amor le ha sido esquivo. Las dos ocasiones en las que mantuvo relaciones, le fue mal. A su primer novio le cataloga como “el amor de mi vida”. Terminaron porque él conoció a una chica genética y se enamoró. Convencida comenta que, tanto le quiso, que prefirió que fuera feliz con otra chica, pues Analía no le podía negar el derecho a ser padre. El segundo es alguien que “no merece ser recordado, me enamoró con mentiras y tenía novia”. Desde ahí en adelante no volvió a creer en el amor. Sin embargo, no le faltan pretendientes. En un futuro a medio plazo se ve casada y con hijos. Podría adoptar o incluso que fueran hijos del marido, a través de un vientre de alquile. No le gustan las aventuras, advierte de forma rigurosa. “La mentalidad general es la de que los homosexuales son promiscuos – que les gusta tener varias relaciones amorosas y sexuales – que dan dinero por ello o a la contra se convierten en meros objetos sexuales. Eso no siempre es así. En mi caso cuido mi reputación personal y profesional”.

Analía se graduó con una calificación de 9,39 puntos sobre 10. Fue segunda mejor nota de la promoción de entre 107 médicos. Su deseo era realizar la rural en un hospital, pero por decisión gubernamental todos los nuevos médicos deben ir a los ambulatorios o subcentros de salud.  Se decidió por el ambulatorio de la ciudadela 15 de Abril, de Manta, zona que ya conoce y en donde ya realizó su internado, concretamente en el Hospital del Seguro Social de la misma ciudad, donde dejó muchos amigos por su entrega a la profesión y su forma de tratar a los pacientes.

El peor recuerdo de discriminación fue cuando le hicieron cortar el cabello para poder cumplir su papel de médico en el IESS. Lo hizo porque quería cumplir un buen papel y aún no tenía sus documentos legalizados, además porque era una disposición y no le gusta desobedecer a las autoridades.  En la Facultad de Medicina, Analía dice que, SER TRANS, no le generó inconvenientes entre sus compañeros y claustro. Profesores y autoridades valoraron su aptitud profesional y no su elección sexual

Eran las 19:00h. y un pasillo engalanado acompañado por el coro de la universidad, daba paso a la apertura de entrega de títulos y certificados. El maestro de ceremonia pedía orden a los fotógrafos. El primer grupo de médicos subió a la tarima, y hasta ese momento la palabra del moderador era respetada. Pero todo cambió cuando subió el grupo de Analía. Ella fue el centro de atracción. Los flashes no dejaban de iluminar su rostro, disparo tras disparo de las decenas de cámaras que cubrían la noticia.

Tras recibir su título, bajó de la tarima y se acercó a los medios para comentar cómo se encontraba:  “decir que me siento feliz y es un momento muy especial para mí, porque ya puedo decir que soy una doctora cualificada”. Pero lo que no pudo ocultar en su rostro, fue el mal momento que le hicieron pasar cuando le llamaron para recibir el diploma. En el salón de actos sonó el nombre de Rolando Bravo, nombre con el que se registró al comienzo de su carrera, aunque su nombre legal actual es Analía Cristel Bravo. Su enfado fue claro y se notó durante segundos en su rostro. Con todo, en un día tan emotivo, Analía salió después a celebrar su logro personal en una fiesta familiar  y el entorno más cercano de amistades en el centro de eventos Vic Clar.

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