UNA “CHICA DE ORO” ÍNTEGRA

“THANK YOU FOR BEING A FRIEND” “Gracias por ser una amiga” era la frase con la que daba comienzo la serie televisiva “Las Chicas de Oro”. Curioso que Estelle Getty (Sophia) fuera la madre de Beatrice Arthur (Dorothy  en la serie), siendo tan sólo un año menor que ésta. Más curioso todavía, que una de las chicas de oro más glamourosas en la historia de la televisión, llegara al mundo del artisteo casi por casualidad.

Nacida en Mayo de 1922, su infancia y adolescencia transcurrieron en el centro de Nueva York como Bea Frankel, apellido de origen judío, hija de un matrimonio que tenía un comercio de ultramarinos. Fue en los años universitarios, durante su estancia en el Instituto Franklin de la Ciencia y las Artes, cuando comenzó a hacer sus pinitos como actriz, aunque no llegó muy lejos. Se alistó en los Marines en 1943 como mecanógrafa y conductora de camiones, abandonando el cuerpo dos años después. Pronto se casó con Alan Arthur, famoso guionista de cine (quien más tarde escribiría Grand Prix pero el matrimonio no duró mucho tiempo y terminaron por divorciarse. Bea se inscribió en un taller de teatro, coincidiendo con compañeros de clase como Harry Belafonte, Marlon Brando y Gen Saks, con quien se casó de forma repentina, disfrutando a su lado de una larga carrera profesional como director ejecutivo en Broadway. A pesar de ello, Bea siguió manteniendo el apellido de su primer marido como nombre artístico, dándose a conocer a partir de entonces como Bea Arthur.

Bea comenzó a trabajar en obras de teatro de compañías más bien amateur, hasta debutar en Broadway con 28 años (1950), obteniendo un primer papel relevante en 1954. Pero no fue hasta la década de los 70’s cuando obtuvo su protagonismo consecutivo en series de comedia televisiva como “Maude”,  serie ésta con la que se hizo tremendamente popular en los Estados Unidos. A diferencia de la mayoría de las comedias de situación en ese momento, Maude trató problemas reales, tocando desde el tema del aborto a histerectomías, incluidos tabús nacionales, tópicos generacionales y la guerra del Vietnam bajo la Administración Nixon como punto de mira. Arthur fue nominada al Emmy durante cinco años consecutivos. Sólo se lo llevó una vez.

Tras un largo un período sin saberse nada de ella, a mediados de los 80’s, su nombre saltó de nuevo con la serie “Las Chicas de Oro”, con Betty White , Rue McClanahan y Estelle Getty. Para su gran sorpresa, el show fue todo un éxito. Por primera vez en la televisión se podía ver a cuatro mujeres mayores que se veían bien, vestían bien, vivían bien y eran brillantes e independientes, sin necesidad de ser empujadas en sillas de ruedas. La serie encumbró a todas sus protagonistas después de haber transcurrido carreras muy diferentes cada una de ellas y, gracias a ella, ganaron un Emmy en ese mismo año, siendo para para Bea su segunda estatuilla. “Las Chicas” consiguieron hasta un total de 11 incluyendo el “Emmy Primetime”  y 65 nominaciones más a lo largo de las 7 temporadas que permanecieron en la parrilla de emisión, finalizando justamente cuando Bea Arthur tomaba la decisión de abandonar la serie y pasar a otro plano de la vida, empezando a hacer cosas muy diferentes.

No fue precisamente por su belleza física, ni por contar con una figura excepcional o por tener una voz dulce y sensual, por lo que Bea Arhur llamó la atención de sus seguidores y espectadores, sino todo lo contrario. Aún así, consiguió hacerse con un nombre entre las grandes de la escena estadounidense. Fue de esa clase de actriz que consideraba que ”hacer un buen papel cómico consiste en permanecer terriblemente seria”. Bea destacó por su expresividad en el gesto y verbo mordaz.

Pero Bea Arthur vino a asentar una lección importantes. La primera, que cuando una cree que ya lo ha dado todo en el mundo de la interpretación, siempre queda, sin embargo, ese “otro” personaje importante por realizar. Tanto su vida personal como profesional se caracterizó por su coherencia y compromiso con las causas justas, reflejándose en la mayoría de papeles que interpretó a lo largo de su carrera, con personajes siempre adelantados a su tiempo y que le tocó vivir, no exentos de cierta polémica, tratando de remover las conciencias. Fiel a sí misma dentro y fuera de los escenarios, fue un amujer que se distinguió por su activismo en diferentes frentes: respaldó y apoyó las campañas para la protección y trato ético de los animales (miembro de la organización PETA – Asociación Protectora de Animales) y militó en contra del negocio de la peletería y la crueldad gratuita aplicada en los mataderos. Durante mucho tiempo, defendió los derechos civiles de la mujer y especialmente luchó por el reconocimiento de los derechos de la Comunidad LGBT y por la que hizo numerosas donaciones anónimas, ofreciendo su ayuda personal a quien la requirió y convirtiéndose en un reverenciado icono de la cultura gay de los años 90’s. Aquejada de un cáncer terminal, Bea Arthur se retiró gradualmente de la vida pública. Falleció en la primavera de 2009, a la edad de 86 años. En su testamento, legó 300.000 dólares a The Ali Forney Center de Nueva York, organización que se ocupa de proporcionar alojamiento a jóvenes gays, lesbianas y transexuales sin techo.

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