LAS SIRENAS DEL PUERTO DE ACAPULCO

UNA ENTIDAD PARA LA IDENTIDAD DE GÉNERO Comenzando la década de los 80’s, surge un espacio peculiar en el Puerto de Acapulco con capacidad para unas 200 personas, abriendo seis días a la semana. Gallery fue el lugar en el que se capitalizó el fenómeno trans con un show travesti llamado “Les Femmes”. Patrick Young y Beba Young, su esposa, empresarios canadienses de la denominada jet set, organizaron una compañía de transformistas que imitaban a diferentes personajes y personalidades del mundo del espectáculo nacional e internacional. La historia de un local, que hizo historia, antes de ser historia, escribiendo entonces páginas románticas de la historia de la cultura trans.
Hombres caracterizados de mujeres que hacían play back de la música de las estrellas del momento, las grandes interpretaciones que hicieron las delicias de todos los que buscaban un espectáculo para adultos de calidad y novedad. “La Lorena” que imitaba a Liza Minelli, Rafaella Carrá y Charo (rumbera flamenca con un escote en forma de corazón en el trasero). Usaban hormonas a escondidas de los Young, quienes no estaban a favor de la reorientación y automedicación sexo-genérica, sino a favor del show business para mostrar a hombres que se veían como fabulosas y enigmáticas mujeres. Eran tiempos cuando, de forma curiosa, se aplaudía la androginia. Otra diva del local,  “la Oliver” imitaba a Amanda Lear y a Marlene Dietrich. Por desgracia a ambas fallecieron con la incursión devastadora del VIH a la Comunidad Gay. Cuenta Alejandra Bogue que ella conoció el Gallery a los 15 años, aunque no fue sino hasta después de los 20 cuando comenzó a trabajar en Les Femmes, personalizando a Annie Lennox y a Nina Hagen, incluso a Daniela Romo en fiestas septembrinas.

Mario, “la Mayeco”, cantaba “Rosas en el Mar”, igualita que Massiel, alternado con interpretaciones de temas de Viola Wills. “La Vicky” hacía de Alicia Bridges, “Eramos la sensación en el Puerto de Acapulco”, decía. Y es que, grupos innumerables de personas se daban cita para ver a estos hombres tan diferentes, que se veían como mujeres. La fama y el amarillismo no se hicieron esperar, pronto en las revistas declaraban “Sí somos homosexuales” en una década en la que, la intolerancia de la sociedad, los manicomios y el aislamiento por una conducta tan escandalosa, pervertida y contra natura, era el pan de cada día.

Además, el oscuro mundo de la prostitución se nutría de las estrellas del puerto, así que, no era de extrañar, que el turismo sexual característico desde siempre en la Bahía del Pacífico, flirteara de la forma más natural y espontánea, entre Les Femmes. Comienza un período de espejismo y la desinformación, las inyecciones de aceites de uso industrial o doméstico, la aplicación de estrógenos y progesterona, el uso en boga e indiscriminado de anticonceptivos, etc., comienzan a hacer mella entre las travestis del Gallery. Sustancias al alcance de la farmacia clandestina que, tras administrarse ciertos miligramos de hormonas, comenzaban con los dolores en los pezones, que doblaban y hasta triplicaban su tamaño. Todo ello para poder perfilar las primeras formas redondeadas de pechos quinceañeros seguido de una concentración de grasa en las caderas, disminución de la erección, cambio de la suavidad de la piel… el erotismo llegó a resultar extremo, nunca grotesco, casi siempre divino y espectacular, pues lo que erotizaba a las “Femmes del Gallery“,  era precisamente su transformación en el sexo opuesto al biológico.

Un narcisismo exacerbado de contemplarse y mirarse a sí mismo, a través del espejo. La línea entre travestis, transgéneros y transexuales era muy tenue todavía. Trans, más allá del género, como fenómeno cambiante, quienes dieron a luz al nacimiento de “nuevas personas”, experimentando un florecimiento pleno y total de autoaceptación del cuerpo y la mente, de realización y producción, convirtiéndose en vendedores de una solución a lo insoluble, lo intangible, las identidades trans manifiestas como variables de una misma carrera hacia “ir más allá del género biológico”… y probablemente sin retorno.

El tercer género en el Puerto fue  sin duda la diversidad más exquisita, el más celebrado de los talentos y el más visibilizado de la comunidad gay de aquellos días. El Gallery contaba con vestuarios majestuosos, shows magistrales y un gran reparto de las que solamente sobreviven a día de hoy, “la Bogue”, “la Pepa” y “la Vico”, o lo que es lo mismo, a Lupita D’Alessio, Shirley Bassey, Diana Ross, Eartha Kitt, Donna Summer, Aretha Franklin, Bette Midler…

Muchas de nosotras no hemos encontrado la felicidad en el reflejo del espejo de un camerino. No hemos sentido la necesidad de afrontar una vida y un oficio entre plumas y lentejuelas. Pero lo más terrible, es que no hayamos sabido reconocer como es debido, como iguales, y  desde nuestras muchas diferencias, las artes escénicas que siempre han brindado tanto cobijo a la Comunidad LGBTTTI +H.

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