LA MEMORIA LIBANESA

SER TRANSEXUAL EN UN OASIS Randa es la protagonista de la primera biografía novelada de una transexual árabe. Por primera vez, un periodista libanés del diario Al-Hayat, se atreve a abordar la transexualidad en Oriente Medio con “Mouzakarat Randa al-Trans” (“Las memorias de Randa, la Trans”). Esta es la apuesta de un libro valiente y honesto que ha abierto una nueva vía, que ha abierto un nuevo espacio en el mundo islámico, no solo dentro de la edición en papel, sino de la lucha por la tolerancia. Quizás por eso se convirtió en la estrella de la pasada  EURAMAL (European Association for Modern Arabic Literature).

Naguiz Mahfouz, Aamin Maalouf, Kalil Gibran o Nawal al-Saadawi, son responsables de algunas de las páginas más hermosas de la literatura contemporánea. Todos ellos tienen algo en común: son árabes. A pesar de que sus obras son muy críticas con la sociedad y regímen del mundo islámico en general, rara vez hablan abiertamente de la sexualidad y menos aún de la homosexualidad. Pero lo que hasta ahora ningún escritor de la zona se había atrevido a abordar, es la transexualidad.

Por esta razón, no resulta extraño que la publicación del libro de Hazem Saghieh, conocido columnista político y social de renombre internacional y afincado en Londres, supusiera una conmoción en el floreciente mercado editorial libanés. A pesar del éxito entre la crítica especializada, incluso dentro del propio The Arab-Israeli Book Review, algo así como El Club del Libro Árabe-israelí, esta edición no se encuentra en las librerías de El Cairo, Damasco o Amán, porque solo ha podido ser publicada en El Líbano. Y muy probablemente, en el resto de Oriente Medio, si alguien quiere leerlo, deberá acceder al mercado negro como ocurre ya en ocasiones con China o Arabia Saudí.

La primera aproximación a la realidad transexual en el mundo árabe escrita por un árabe, ha visto la luz gracias a la arriesgada apuesta de la editorial  Saqui Books, pionera en la publicación de  controvertidos temas sobre Oriente Medio y que otras editoriales rechazan. Con sede en Londres, Los Angeles y Beirut,  levantan ampollas con cada uno de sus títulos publicados. Además de la importancia del tema en sí, nos encontramos con la autoría extremadamente relevante: mientras que el valor principal de la obra es su “postura valiente “, esto no quiere decir que el texto de esta biografía deje de ser una obra de arte. “Las memorias de Randa la Trans”, co-escrita conjuntamente por Hazem con la protagonista real de su historia, Randa – Fouad en su vida anterior – relata con una honestidad brutal lo que significa ser transexual, al otro lado de Occidente. Dos violaciones, un matrimonio de conveniencia, el hambre y la idea de suicidio… todo este doloroso bagaje está presente, a modo de terapia y catarsis, en este libro tan extraordinariamente bien relatado, retocado con pequeños toques de ficción para otorgarle el punto de comercialización.

Randa explica con voz dulce que su tercera terapia hormonal simboliza la lucha de un colectivo que vive uno de sus momentos más duros por el auge del extremismo religioso. “No podemos dejar de luchar ahora. Ahora no”, declaró Randa en una de las presentaciones del libro, después de todo lo vivido y lo sufrido. Todo un contenido de emociones reprimidas. Se ha pasado toda la vida castigándose a sí misma, culpándose por no ser lo que los demás esperaban de ella, por no aparentar ser el viril Fouad que alumbró su madre y que provocó a los hombres con su apariencia andrógina, por aceptar un matrimonio de conveniencia para contentar a su entorno familiar… por traicionarse a sí misma consumando aquella unión como un hombre…

Durante sus treinta años de vida ha sido ultrajada y humillada en infinidad de ocasiones, por el único hecho de ser defirente. Vivía de sus ahorros, que sólo le daban para pagar la habitación donde vivía y costear la terapia hormonal. “Me sentía satisfecha si podía comer un meneishe al día (una torta de pan con aceite y tomillo, el típico desayuno local libanés) . Si no, devoraba disimulando las sobras de mis amigos o preparaba pasta con sal y cuando no tenía nada más, bebía agua con azúcar”. Así hasta que sus amigos se dieron cuenta de que algo iba mal, de que Randa, la valiente argelina pionera del activismo transexual del mundo árabe, exiliada en el Líbano tras recibir amenazas de muerte, estaba pasando por una situación desesperada.

Hoy Randa está visiblemente recuperada. Por fin ha encontrado un trabajo en el país del Cedro, donde llegó en 2009 huyendo de la intolerancia del régimen argelino y extremistas islámicos. No puede ejercer su profesión, la enfermería, porque nadie da trabajo a alguien con su aspecto. “Presenté mi curriculum en el hospital Hotel Dieu, uno de los más prestigiosos de Beirut. Me llamaron para entrevistarme, y cuando la responsable me vio me aseguró sorprendida que con mis calificaciones podría estar ocupando su puesto, pero que la política del hospital no admitía a transexuales”. Así se explica esta mujer de rasgos masculinos, gestos delicados, risa fácil y una tristeza infinita en sus ojos.

El caso es serio. La agencia de seguridad nacional le había abierto un expediente por crear la primera ONG argelina dedicada a los derechos LGBT (algo completamente ilegal en su país) y los grupos islámicos más radicales no cesaban en amenazar su vida. Cuando recibió un ultimátum supo que no tenía más remedio que huir. El suyo es el perfil típico que Amnistía internacional describe en sus informes de tortura en base a identidad sexual. “Las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero se enfrentan a formas particulares de discriminación y son víctimas de abusos contra sus derechos humanos. Si además asumen un papel activo, como agentes del cambio, se proclaman activistas o defienden los derechos humanos, desafiando a quienes intentan imponer unas normas de género discriminatorias. En este punto, son objeto de persecución por un doble motivo: por lo que son y por lo que hacen.”

Era lógico que Randa huyera. La imagen que el Líbano proyecta internacionlmente, es la de ser más tolerante con colectivos que en otros países de la zona son marginados, incluso perseguidos. Por ejemplo, el grupo que lidera el movimiento LGBT en el mundo árabe, HELEM, tiene su base de operaciones en Beirut. Incluso ha logrado que se abran algunos bares de ambiente en la ciudad. A través de este colectivo, Randa está canalizando su activismo tratando de concienciar a los libaneses para que acepten a la Comunidad Trans. Curiosamente, Aunque en el Líbano las relaciones entre personas del mismo sexo están prohibidas, la ley no dice nada sobre la reasignación de sexo. Paradójicamente, a pesar de que en Irán y en Arabia Saudí la homosexualidad está penada con la muerte, un edicto religioso permite la cirugía de cambio, siendo ya el segundo país con mayor número de operaciones en el mundo, solo superado por Thailandia. Así que Randa decidió no ser otro caso más en un informe de Derechos Humanos y contar su historia en este libro. Las 144 páginas que lo componen, representan una válvula de escape y muestran un compromiso valiente y decidido. “Nadie te concede la libertad. Tienes que salir y buscarla, sin importar los riesgos” .

Imágenes: Mónica G. Prieto

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