ESTIGMAS DE UNA RELIGIÓN

DIOS CREE EN MÍ Con un solo golpe de vista, cualquiera puede decir inmediatamente que Tshepo Kgositau se siente cómoda en su propia piel, y lo más importante, feliz con las decisiones que ha tomado en su vida. Ella muestra una rabiosa confianza en sí misma, además de argumentar un entusiasmo contagioso por la vida. “Todos pensaban que tenía demonios, que Satanás se había apoderado de mí. Yo no me entendía a mí misma. La Iglesia … me hizo aceptar a Jesús”.

Esto se demuestra en primera persona, cuando Kgositau habla acerca de la transexualidad, exactamente igual y con el mismo tono con el que habla de otros temas que son importantes para ella; con pasión, con emoción y con mucha sensibilidad. Las lesbianas y los transgénero de raza negra en los municipios y las zonas rurales de Sudáfrica, se enfrentan a un clima abrumador de discriminación y violencia a pesar de la protección que se les prometió en la Constitución del país, según Human Rights Watch señala en un informe.

Aunque sólo tiene 25 años de edad, Kgositau es una defensora de los derechos humanos y se ha convertido en una activista de primera fila en la Rainbow Identity Association, que aboga por la legitimidad de las personas transgénero e intersexuales. Kgositau nació en un cuerpo masculino, hasta el día en que vió un programa de televisión que estaba tratando el tema de la transexualidad. Ese momento fue demasiado importante como para no darse cuenta de que, nadie, tiene que esperar y malgastar tanto tiempo para cambiar la propia vida, para mejor. Y fue en ese momento cuando decidió practicarlo en sí misma, observando, antes de la transición, que siempre se había sentido como una niña. “Creo que debió haber sido entre los cinco y seis años, cuando pensé en mí misma como una niña y que no comprendía por qué no podía hacer las cosas que hacían los demás chicos en la escuela. Eso fue suficientemente extraño para mí. Además, era divertido, porque las chicas me trataban como si yo no pertenciera a su grupo, cuando trataba de jugar con ellas. Más tarde creció este conocimiento en mí, es decir, que aparentemente no era una niña, pero me daba la gana de serlo y no entendía por qué estaba “dirigido” para ser como los otros niños”.

Fue en sus años de escuela primaria, cuando conoció a un amigo llamado Omphemetse Mlandu, que entendía que Kgositau era diferente y por eso la trataba como su novia. Ella explica que la amistad le ayudó a terminar la escuela como “el amor de Mlandu”. Todos los comentarios y opiniones acerca de esta relación le parecían absolutamente insustanciales. Los estudiantes e incluso algunos de los profesores, la llamaban “Trasi” (playa conocida por la migración de las tortugas para poner huevos) o “Moleko” (afeminado). Esto fue doloroso para ella y desafortunadamente tuvo que escucharlo a diario en su entorno más cercano. “Me llamaban así para hacerme sentir que no les importaba, que había algo mal en mí y que por ello podía ser acosada”. Una época dura, en la que mantener calificaciones altas fue muy difícil y complicado. “Este fue el momento y lugar en el que Dios vino a mí. Él me dio una mente increíble que no sólo formó mi inteligencia, también mi madurez. Siempre logré estar entre las cinco mejores calificaciones en mi clase “, comenta Kgositau, alimentando el recuerdo con una tímida sonrisa. Es como que, Dios, le hubiera otorgado “la vara de Moisés” por su intelecto y perseverancia.)

Sin saberlo, ella misma iba a ser el pilar y la estructura de “su defensa” a través de las dificultades que la perseguirían durante su crecimiento adolescemte, manteniendo a ralla a sus acosadores; “Mi Dios no comete errores o coincidencias, no “, asegura con rotundidad. Tras su paso por la escuela Junior, siempre con excepcionales calificaciones, Kgositau fue criada por completo como una chica. En su casa familiar siempre la vieron como un ser “diferente”, pero habían admitido el hecho de que nació en un cuerpo de niño equivocado. En ese momento, Kgositau percibió que Dios acababa de hacer de ella, una chica. “Desde joven se me dio la libertad de elegir mis roles de género y mi familia me permitió usar lo que era cómodo y natural para mí y jugar con los juguetes que yo quería, que por supuesto eran Barbies, como las de mi prima-hermana. Mi madre no era radical o como los típicos padres que llevan a sus hijos a limpiezas y rituales/sesiones de oración, en medio de la noche, en un intento de “curarlos” de sus enfermedades. Mi madre observó cómo crecí y se ajustó a su forma inicial de pensamiento para criarme, que era como un niño, pero no pudo llevarlo a cabo de una manera normal y se dio cuenta de que era diferente a sus otros hijos varones. Entendió que eso, a mí no me gustaba”. Poco a poco, de forma paulatina y sin pausa, comenzó a comprobar que aquel hijo que había nacido niño, comenzó a transformarse en una joven hermosa.

Kgositau nació en una familia de cristianos devotos, por lo que sabía y tuvo conocimiento temprano de lo que era y significaba Dios, lo que la Iglesia representaba y del reconocimiento de la vida en una escala más amplia. Siempre le ha servido como un “maestro de escuela dominical”, desde que tenía 10 años. A partir de esa edad, y todos los domingos, Kgositau se encargaba de conducir al coro de la iglesia. Rápidamente señala que su fe fue desafiada en gran medida, después de que llevara a cabo su transición, cuando ya estaba en la escuela terciaria en Sudáfrica. “Quiero que la gente entienda que los cambios que he hecho en mi cuerpo, de ninguna manera han corrompido o se devaluado mi alma y la fuerza en la que se ama a Dios, pero me era imposible servirle plenamente en ese cuerpo que no sentía mío, aunque lo era, pero no podía explorar plenamente los talentos y habilidades que Él me había dado como mujer”. Algunos pueden sentir que ha profanado su religión, pero ella afirma, precisamente, que con ello ha “reconstruído” ese templo de oración, y por encima de eso, como una devota cristiana que no ha manchado el nombre de Dios de ninguna de las maneras.

“Dios se sienta en mi alma interior, en mi corazón y en mi mente. Antes de la transición, consulté con Él en nuestro espacio íntimo y le pedí que me dijera si debía seguir con todas mis reasignaciones sexuales y destinos. Él me dio el visto bueno. De otra forma, no estaría donde estoy ahora, habiendo completado ya la mayor parte de mi transición. Y sin embargo, sigue premiándome más y más y siento que me ama más cada día. La enseñanza cristiana nos impone que los dos mandamientos más fundamental son; Amar a tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y tu mente, y la segunda, Amar a tu prójimo como a ti mismo. Y ya que Él me ha enseñado a amar por amarme, yo le he dado mi alma. Curiosamente algunos cristianos no aman a sus vecinos y se dedican a insultar y criticar a la gente como yo y chismorrean dentro y fuera de la iglesia, aunque dicen tener amor por los demás. Uno no puede amar a Dios, si no ama a todas las personas creadas por Él (a imagen y semejanza) y creo que las personas transgénero e intersexuales son la viva imagen de Dios porque, Dios, no tiene género ni sexo”.

Hay una oración en la Iglesia Metodista con la que se llega a la conclusión de que todo el mundo ha pecado de una manera u otra, por lo que nadie debería pretender ser “más santo que tú” y evitar a otros, sólo por el hecho de que “su pecado” sea más visible. Nadie tiene idea de los “pecados ocultos” que muchos cristianos esconden en su interior, pero juzgan con dureza a la gente como yo, porque no nos escondemos. Utilizan normas muy rígidas con otros, mucho más, con los que son diferentes. “La reasignación de sexo no es algo que puedo ni recomendar ni desaconsejar a nadie, porque es algo muy personal que cada cual tiene que asumir por su cuenta. Las que realmente estamos seguras de que es el camino, estamos preparadas para caminar. Más allá de la condición del ser humano, el único factor subyacente en la Biblia es recordar que, la gente homofóbica y transfóbica no debe olvidar que Dios nos ama a todos, incluso la manera en que lo somos“.

Dicho esto, se trata de una transición muy costosa. Aparte de los honorarios exorbitantes de la cirugía de reasignación sexual, también existe la terapia de reemplazo hormonal que es como un compromiso de por vida y que también es costoso. En mi caso, ni el gobierno de mi país ni los regímenes de asistencia médica, lo cubren. Estoy firmemente convencida, que todo aquel que siente que está seguro de ser transgénero o transexual, deben estar social, mental, espiritual y económicamente preparado para ello, por supuesto “, concluye.

Deja tu comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s